En mi anterior artículo hablaba de editoriales, grandes y pequeñas, que entre otras virtudes, tenían la de publicar sus e-books sin DRM. Una de las citadas, es sinerrata, una pequeña editorial que cuenta en el momento de escribir estas líneas con tres títulos publicados y uno más a punto de ver la luz. Una clara apuesta por escritores noveles, pero en la que también se ha colado un escritor veterano, con una interesante trayectoria, como Carlos Laredo.

Las responsable de sinerrata, Amalia López, ha tenido a bien responder una pequeña entrevista de seis preguntas, en la que nos ha dado tiempo a repasar temas que considero que alguien que se embarca en una aventura de este tipo, una editorial exclusivamente digital, ha tenido que pensar mucho: precio de los e-books, uso del DRM en los mismos, relación con los autores… Sin darle más vueltas, os dejo con la entrevista.

Amalia_López
La primera pregunta que se me ocurre hacer a la responsable de una editorial 100% digital es, creo, lógica: ¿cómo se da el paso de decidir poner en marcha un proyecto de este tipo prescindiendo totalmente del papel?

Es una apuesta doble pero hacía tiempo que me planteaba la forma de iniciar un proyecto editorial enfocado a autores noveles en español, mientras miraba con creciente interés cómo la edición digital avanzaba imparable en los países anglosajones sin que en nuestro país le prestaran mucha atención, cuando me di cuenta de que hacer coincidir ambas cosas tenía todo el sentido.

¿Crees que tu trabajo sería muy diferente si la editorial fuera, digamos, más tradicional? ¿Cambiaría tu relación con los autores, por ejemplo?

Esta es una pregunta difícil de responder, porque creo que la forma de enfocar el trabajo en general y la relación con los autores en particular no está directamente ligada al modelo de negocio. Por ejemplo, nosotros desde el principio nos propusimos que el trato con el autor sería lo más cercano posible, que este estaría implicado en todo el proceso de edición, o tanto como quisiera, y que sería parte del equipo, pero no porque seamos una editorial digital sino porque creemos que de esta forma se obtienen mejores resultados en todos los aspectos. El trabajo en una editorial digital quizás difiera del de una editorial “más tradicional” en algunos aspectos como la tecnología, la difusión u otros procesos más específicos de uno u otro modelo, pero creo que cada vez más se unifican los usos de herramientas como el marketing online o las redes sociales.

No recuerdo quién lo comentaba, pero el caso es que hace poco leía que el papel sigue atrayendo a los periodistas de los medios convencionales. Venía a decir que por pequeña que fuera la editorial, y por poco ambiciosa que fuera la tirada del libro, accedías con facilidad a espacios de radio y casi cualquier periódico regional quería entrevistar al autor. ¿Crees que hay gente que aún no se toma en serio la edición digital, que la considera una especie de segunda división?

Me temo que de alguna manera sí. Los periodistas no reaccionan igual cuando les envías un ejemplar impreso para que lo lean, reseñen o comenten que cuando lo que reciben es un archivo o un enlace para descarga; en el segundo caso lo más normal es que lo ignoren. Quizá no sea tanto que consideren el libro electrónico como un producto de segunda clase como que lleven demasiado tiempo habituados a una determinada forma de hacer las cosas y se resisten al cambio. En cualquier caso, es una cuestión de tiempo, el ebook está cada vez más extendido y no tardará mucho en verse generalizadamente como otro formato más.

Naveguemos por aguas procelosas. Yo creo que la llamada piratería es un problema real, pero no entiendo muy bien a qué juega la industria editorial dando ciertas cifras de pérdidas basadas en el número de descargas. ¿Tú cómo lo ves?

El tema de la mal llamada piratería es ciertamente controvertido, y nosotros desde el principio nos hemos posicionado al otro lado de esa industria que criminaliza a los lectores, utiliza cifras que nadie sabe muy bien de dónde salen y se centra en encontrar soluciones legales y punitivas. Es por eso que nosotros hemos optado por no hacer uso del DRM e intentamos hacer una labor más pedagógica a este respecto, convenciendo a los lectores de que los libros que publicamos tienen un trabajo detrás, sobre todo del autor pero también de edición, diseño, corrección, maquetación…, que merece la pena ser conservado (y eso, hoy por hoy, no puede hacerse más que pagando por ellos). Pero a pesar de todo, no puedo negar que tampoco me hace mucha gracia (ni a los autores) ver alguno de nuestros libros compartido libremente en ciertas páginas web, echando por tierra todo el esfuerzo realizado.

Hablemos del precio de los e-books. Las grandes editoriales empezaron con precios muy altos. Por otro lado muchos lectores se remiten a barreras psicológicas que no están dispuestos a superar cuando compran un libro electrónico. ¿Qué les dirías?

Este es un tema que también necesita algo de pedagogía y en el mismo sentido que en la pregunta anterior. Es cierto que las grandes editoriales empezaron a poner precios bastante desorbitados a los ebooks, más aún teniendo en cuenta que ellas normalmente usan DRM y por tanto lo que compras no es realmente tuyo, y entiendo perfectamente que muchos lectores no estén dispuestos a pagarlos. A eso tampoco ha ayudado la oferta, cada vez más grande, de autores que se autopublican y venden a precios que ninguna editorial, con un trabajo que mantener, se puede permitir a no ser que se trate de libros superventas. Nuestro reto está, una vez más, en convencer al lector de que merece la pena pagar por nuestros libros.

Me estoy dando cuenta de que hemos hablado de barreras y de problemas. ¿Cuáles son las ventajas de ser una editorial exclusivamente digital?

La mayor ventaja en mi opinión es la flexibilidad y el alcance. El poder trabajar la edición de una forma casi continua, corrigiendo erratas (nuestro demonio particular, ¿a quién se le ocurriría ponernos este nombre?) y actualizando prácticamente en tiempo real es algo que valoro mucho. Pero quizá lo que para mí marca la diferencia es la posibilidad de llevar nuestros libros y presentar a los autores que publicamos en cualquiera parte del mundo de forma inmediata, fácil y económica. Esta es en mi opinión la verdadera revolución digital y no solo como editora sino también como lectora.